Nacida en Paris en 1974, Camille Fuzier queda fascinada durante su adolescencia por los grandes espacios y los pueblos nómadas. Decidida a seguir los pasos de dos grandes viajeras, Isabelle Eberhardt y Ella Maillart, de las cuales se acuerda de las palabras: "Leer, leer, leer no vale nada, hay que ir a ver", empieza a viajar en Europa y luego en Sahara para encontrar a los Touaregs. Viaja siempre sola. El contacto con el "otro" exige para ella una libertad y una disponibilidad enteras para poder impregnarse de la esencia de los países que recorre y de las personas que encuentra a lo largo de su camino.
Decide estudiar la fotografía para dejar un testimonio mas concreto de sus encuentros: dentro de una escuela para niños incapacitados, en la intimidad de una compañía de teatro callejero y en bibliotecas itinerantes para niños de barrios pobres.
Desde 1998 hasta 1999, se interesa a los niños enfermos del Hospital Armand Trousseau en Paris, donde fotografía el trabajo de los payasos de "Rire Médecin". Dos libros y varias exposiciones en Francia atestiguan de esta experiencia inolvidable. Otros reportajes y exposiciones sobre el tema de la infancia prolongan este trabajo. Su necesidad de conocer a otros pueblos la lleva a recorrer Bolivia y Chile, desde el desierto del Atacama y la Carretera Austral, hasta los confines de Patagonia.
Nacida en Paris en 1974, Camilla Fuzier queda fascinada durante su adolescencia por los grandes espacios y los pueblos nómadas. Decidida a seguir los pasos de dos grandes viajeras, Isabelle Eberhardt y Ella Maillart, de las cuales se acuerda de las palabras: “Leer, leer, leer no vale nada, hay que ir a ver”, empieza a viajar en Europa y luego en Sahara para encontrar a los Touaregs. Viaja siempre sola. El contacto con el “otro” exige para ella una libertad y una disponibilidad enteras para poder impregnarsede la esencia de los países que recorre y de las personas que encuentra a lo largo de su camino.
Decide estudiar la fotografía para dejar un testimonio mas concreto de sus encuentros: dentro de una escuela para niños incapacitados, en la intimidad de una compañía de teatro callejero y en bibliotecas itinerantes para niños de barrios pobres.
Desde 1998 hasta 1999, se interesa a los niños enfermos del Hospital Armand Trousseau en Paris, donde fotografía el trabajo de los payasos de “Rire Médecin”. Dos libros y varias exposiciones en Francia atestiguan de esta experiencia inolvidable. Otros reportajes y exposiciones sobre el tema de la infanciaprolongan este trabajo. Su necesidad de conocer a otros pueblos la lleva a recorrer Bolivia y Chile, desde el desierto del Atacama y la Carretera Austral, hasta los confines de Patagonia.
En 2002, descubre Caleta Tortel, un pueblito rodeado por el hielo, cuya población vive del comercio de la madera. Regresa varias veces a este pueblo, comparte con sus habitantes el rigor y la soledad del invierno. También presencia la apertura de una carretera que vincula el pueblo con la Carretera Austral y rompe así el aislamiento de Tortel a donde hasta entonces se iba solamente por vía fluvial. De estas experiencias nacen un libro y esta exposición presentada en Biarritz.