Tienen veinte años. Criados en la escuela de la calle, obtuvieron sus diplomas en la cárcel. Viven inmersos en la violencia desde niños. Mataron, robaron, asaltaron, sin ningún problema de conciencia. La pelea, la droga y la muerte hacen parte de su vida. Vidas delimitadas por las fronteras de su barrio, un mundo que tiene sus propias vidas. Hoy en día están en la cárcel, se arrepienten de sus actos pasados ya que el precio a pagar es caro: hasta treinta años de reclusión.