La selección del Focus Perú

9 June 2021

 

Lima no es Perú. Si bien esta afirmación parece evidente para los turistas de todo el mundo, no era lo mismo, hasta hace poco, para los cineastas peruanos. Las productoras y los lugares de posproducción, los equipos de filmación y la mayoría de los cines se han concentrado durante mucho tiempo solo en la capital. Fenómeno reciente (desde mediados de los 90), el “cine regional” ha cambiado la situación, encontrando, en parte gracias a la democratización de la tecnología digital, nuevos centros de producción, notablemente en Trujillo, Cusco y Arequipa. Lo que produjo la aparición de una nueva representación cinematográfica del país. Por lo tanto, pasearemos en Trujillo (versión artística en Entre estos árboles que he inventado, versión de guerra de pandillas en Casos complejos, versión rural en Chicama) pero también en la otra cara del pueblo turístico de Puno en Manco Cápac o incluso en las regiones andinas de Huancavelica y Junín en El Viaje macho. A la apropiación de estos nuevos espacios geográficos se ha sumado la apropiación de un presente que la trágica era del Sendero Luminoso eclipsó durante mucho tiempo. Para esta generación, que venga de las regiones o de la capital, no se trata de olvidar el pasado sino de filmar sus repercusiones actuales (Paraíso, NN), de ponerlo en perspectiva en lugar de repetirlo (Hugo Blanco, río profundo), los únicos medios para que la historia avance y que la memoria se vaya de la mano con la remisión. Remisión del sufrimiento, pero también remisión de los pecados, tan grande parece la necesidad de redención. Ya sea que esta necesidad de redención se dirija al cielo (Rosa Chumbe) o incluso más allá (La Chucha perdida de los Incas), está estrechamente ligada a la obsesión de la figura paterna cuya ausencia, que se percibe en cada una de las películas programadas, plantea inevitablemente interrogantes.

Nicolas Azalbert, responsable de la programación cine

 

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